Cuando era niño veía esta frase en los vehículos del transporte público. Quien ponía la pegatina declaraba que él conducía el vehículo pero que Dios siempre estaba a su lado guiándolo y cuidándolo; pero al final de cuentas quien guiaba el vehículo era el conductor, no Dios.
Muchos cristianos viven de igual manera: conduciendo ellos sus vidas y Dios tiene un lugar como su copiloto, pero nada más. Al igual que los conductores del transporte público estos cristianos quizás sigan el recorrido que la iglesia o el pastor les fija: “ve por aquí, gira más allá, no te salgas de la pista. no sobrepases los límites de velocidad, etc.”; pero ellos siguen siendo los conductores. ¿Y Dios? Dios sólo es su copiloto, su función es guiar y no dejar que nada malo les pase. Él debe estar atento a las condiciones del tránsito para que el el conductor tenga un recorrido fácil: leerles los mapas, preocuparse de lo técnico, animar al conductor cuando se canse, etc. pero quien conduce es el piloto, no el copiloto y ojalá a este no se le ocurra sentarse a conducir.
Hay un problema con esta idea y es lo que dice Pablo en Gálatas 2:20: “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”.
¿Quién es el conductor de la vida del cristiano para Pablo? Es evidente que Dios, en la Persona de Cristo, es el piloto, es él quien conduce la vida del cristiano. Nosotros ni siquiera somos el copiloto, deberíamos ser el pasajero que confía en que el conductor lo llevará seguro a su destino.
¿Por qué a veces chocamos o sufrimos accidentes? Porque creemos ser buenos conductores, o quizás por haber visto al conductor guiar nuestra vida pensamos que hemos aprendido lo suficiente y queremos quitarle el puesto de conductor, pero otra cosa es con guitarra (o con manubrio) y no tenemos la habilidad de conducir de forma segura. Quizás si aceptáramos que no somos buenos conductores, que a veces nos pasamos luces rojas, que superamos los límites de velocidad, que no le hacemos una mantención adecuada a nuestro vehículo, estaríamos dispuestos a dejar de una vez por todas que sea Dios quien conduzca nuestra vida; se nos olvida que si no es por Él hace mucho que hubiéramos perdido la licencia de conducir.
¿Quién conduce tu vida? ¿Dios o tú?
23/06/2011
¿Dios, es mi copiloto?
06/05/2011
¿Creyentes o “creyentes”?
En la actualidad ha surgido una postura antireligiosa, dirigida (casi) exclusivamente en contra del cristianismo; esta postura hace hincapié en los males que habría engendrado la religión: guerras, violencia, represión del pensamiento, misoginia, etc. Y la actitud de quienes atacan la religión es poner a todos los “creyentes” en el mismo saco. ¿Pero basta con decir que se cree en Dios para ser un verdadero creyente?
La Biblia nos dice en palabras de Jesús: “no todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo” (Mateo 7: 21). Lo que Jesús nos dice es que no todo el que dice creer en él es verdaderamente su discípulo, sólo lo son quienes hacen la voluntad del Padre que está en el cielo. ¿Y cuál es esa voluntad? La podríamos resumir en dos:
(1) Creer en Aquel que ha enviado (Juan 6:29): Creer que Jesús es el Hijo de Dios y que si se pone la fe en él y en lo que hizo en la cruz entonces Dios perdona los pecados. Y eso lleva a la segunda que es…
(2) Amar a Dios y amar al prójimo (Mateo 22:36-40) Notemos que Jesús dice que el segundo mandamiento es semejante al primero, por lo tanto nadie puede decir que ama a Dios si no ama a su prójimo como a sí mismo.
¿Los que incitaron a las cruzadas, los que quemaron a quienes no pensaban como ellos, los que abusan de su poder económico o político,, los que han violado niños, etc. pueden ser considerados creyentes aunque invoquen el nombre de Dios? La respuesta es que no. Quien haga algo malo, aunque invoque el nombre de Dios, no tiene justificación porque no han hecho la voluntad de Dios. Ese no han amado al prójimo y por consiguiente no es discípulos de Jesús. Creer en Jesús se demuestra mediante actos de amor a Dios y al prójimo.
Los “creyentes”, dicen creer en Dios pero su corazón está lejos de él. Personas así quizás asistan a una iglesia, quizás den de su dinero a la iglesia, pero no se relacionan con Dios por medio de su Hijo, sino a través de la iglesia o por las cosas que hacen: ritos, ceremonias, doctrinas, dar dinero, etc. pero no conocen a Dios ni su voluntad, Quienes sostienen la postura anticristiana y llaman creyentes a los que dicen creer en Dios, pero no hacen su voluntad, están equivocados: no es lo mismo un “creyente” que un creyente.
El creyente sabe que no ha actuado bien, sabe que no puede llegar donde Dios, sabe que no puede usar el nombre de Dios para lavar su conciencia. El creyente ha creído en Jesús el Hijo de Dios, se ha arrepentido de todo lo malo que ha hecho, y ama a su prójimo. La fe verdadera dice la carta de Santiago se demuestra por sus actos, sino es una fe muerta y de nada sirve (Santiago 2:26)
02/05/2011
Cristianos impermeables
Cuando a los cristianos se les pregunta “¿Quién es Jesús para ti?” se apresuran a responder: ”¡TODO!“. La pregunta que deberíamos hacerles a continuación es: “¿estás seguro?”
Sucede que lo que los cristianos dicen acerca de su fe no siempre se ve en la forma de vivir que tienen. Si la fe se demuestra por sus obras, como dice Santiago 2:17, entonces muchos de los que dicen cristianos no lo serían porque sus actos contradicen grandemente sus palabras.
¿Por qué ocurre esto? Ocurre cuando el evangelio no ha conseguido permear la vida de esas personas, no se ha hecho “carne” en ellos. Pareciera que van a la iglesia con un impermeable puesto en el corazón, ya que lo que se dice allí les resbala. O puede ocurrir que haya una enseñanza deficiente del evangelio en la iglesia a la que asisten y esto hace que las personas piensen que hay áreas de sus vidas que le pertenecen a Dios y otras que les pertenecen a ellos mismos. Las áreas de Dios son las del ámbito espiritual: ir a la iglesia, orar, creer ciertas doctrinas, hablar de cierta manera, vestirse “adecuadamente”, decir ciertas frases clichés. Pero hay otras áreas de sus vidas que son de ellos: trabajo, amistades, diversiones, relaciones de pareja, dinero, etc. El problema es lo que hacen con estas áreas “seculares” (así les llaman) porque contradicen las áreas “espirituales” que dicen tener.
Quienes viven así no han comprendido las palabras de Jesús: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.” (Marcos 8:34). Esto significa que si alguno quiere seguir a Jesús debe morir a sí mismo: de aquí en adelante TODA su vida le pertenece a Jesús, no sólo lo “espiritual” también lo “secular”; es decir, no hay diferencia alguna entre estas dos áreas. Quien se dice cristiano ya no debe vivir para sí mismo, sino para Dios. Ahora es Cristo quien vive en él y su vida debe ser modelada por la de Jesús: él la guía, él define cómo vivir de aquí en adelante. Es tan simple…y a la vez tan difícil porque significa que yo ya no tengo el dominio de mi vida, la tiene Jesús.
¿Cómo vivir en esta nueva realidad? La única forma de saberlo es leyendo la Biblia, orando y asistiendo a una iglesia en que predique TODA la Palabra de Dios, no sólo lo que le agrada al pastor. Leyendo la Biblia y orando puedes conocer a Dios; y viviendo en una comunidad cristiana podemos poner en práctica lo que Dios nos dice en su Palabra.
Después de esto te pregunto: ¿Quién es Jesús para ti?